8 sep. 2016

Me mudo a wordpress :)

¡Hola! Antes que nada, quiero confesar que esta decisión me aplasta de nostalgia. Blogspot fue el primer sitio en donde empecé a publicar, el que me acercó a la experiencia de compartir escritos con amigos y desconocidos, por ende, es un tanto triste para mí. Pero vamos, todo es para mejor.

Ahora, mis entradas y post van a ser publicadas en el sitio web de mi saga literaria, "La Nación de las Bestias". Allí, seguiré escribiendo, dejando noticias y expresándome, además, a pesar de que la plataforma es wordpress, no necesitarán una cuenta para seguirme o dejarme comentarios. Los invito a conocer el sitio y a seguir en contacto. Yo, por mi cuenta, usaré blogspot únicamente para estar al día con todos ustedes y sus entradas :)

Los espero allá. Un abrazo.

25 ago. 2016

Aniquilación a dos manos.

Ponerse una pistola en cada mano y levantarlas a cada lado de la cabeza, por si acaso la primera bala no le atina al cráneo y sale volando a la nariz. Llenarse los bolsillos de piedras antes de echarse al vacío con una cuerda amarrada al cuello, por si acaso la soga no está muy apretada. Tomarse una cápsula de cianuro por si acaso el tren no pasa con demasiada fuerza.

Así de dramático, innecesario y deprimente se suele sentir ser artista y escritora a los 26 años. Pero no todo el tiempo, sólo de a ratos, pero los ratos en los que te ocurre, vaya que la pasas mal.

Esta entrada comenzó con la intención de ser pequeña y amable, porque sólo quería hablar un poco sobre mis miedos e inseguridades, con la esperanza de que le sirviese a alguien el leer sobre ellos y a mí misma, para arrancármelos un rato. Pero después, me di cuenta que no iba a ser pequeña ni amable, sino larga y vulgar, porque no podía hablar de esos temores sin mostrarles las raíces, los trozos de terreno donde se sembraron y crecieron hasta volverse parte del paisaje que es mi ser en su totalidad.

Nuestros miedos no nos definen, pero sí son parte de nosotros. Y como tales, no debemos darles la espalda y pretender que no están allí.


Recuerdo que cuando empecé a hacer obra visual, casi a los finales de mis 16 años y cuando era una mocosa con problemas de personalidad (ahora soy una mujer -más o menos- hecha y derecha con problemas de personalidad), mi padre me dijo que lo pensara bien, que los artistas sufrían mucho. Con el tiempo aprendí que no sólo mi papá tenía razón, sino que, además, soy bien masoquista.

El principio fue divertido, lo admito. Empecé a tomarme fotos, a editarlas con photoshop, a sentir padre cada vez que hacia cosas más complejas en las que obvio, mi cuerpo siempre era un pedazo pegado que cumplía alguna función bonita dentro de un esenario imaginario. Luego comencé a enseñárselas a mis amigos, a la gente de la internet, y a todo mundo le gustaba, y decía que hacía cosas muy padres y originales diferentes:


 Hasta que un día, empecé no sólo a ver los portafolios de otros artistas asombrosos en internet que tenían técnicas similares a las mías, sino a darme cuenta de que estaba pasando tres horas haciendo un montón de basura, copiando ideas de otra gente y de que estaba perdiendo un poco de mí misma al no ponerle corazón ni energía a algo que me estaba gustando demasiado hacer. Estaba sufriendo, y un chingo.

Y entonces, le puse algo más a las obras, algo más que ganas y tiempo: sentido y concepto. No era sólo cuestión de técnica. Era el hecho de que no estaba pensando en lo que hacía, en que sólo me sentaba frente a la computadora a picarle al photoshop, en que me tomaba fotos sin pensar en la calidad de lo que estaba mostrando. En el hecho de que yo no sabía nada ni me estaba molestando en aprender. Y, enojada conmigo misma, pero decidida, en cuestión de meses comencé a hacer cosas así:


 Me di cuenta que ya no sólo estaba acompañada por las ganas de hacer algo llamativo para que los demás me halagaran: había encontrado una pasión. Y una a la que le estaba metiendo mi tiempo, mi esfuerzo y mis ilusiones, porque no sólo estaba empezando a tener más presencia, más seguidores en las redes de artistas, sino que ya me estaban invitando a hacer una exposición de mi trabajo. ¡A los 17 años!

Ilusa.

Ilusa, con negritas, gordota y subrayada. La exposición fue un desastre; los montajes, mal hechos; las impresiones, de calidad pésima. Durante todo el show, vi despegarse las fotos de sus cartulinas como hojas de un árbol jodido; el pegamento de primaria que había usado para adherirlas se abombó y dejó cada pieza hecha mierda. Un-fra-ca-so. Y es que, aunque había comenzando a crecer de alguna manera, de la otra estaba todavía muy, muy verde.

Y otra vez, estaba sufriendo. Hice el ridículo, empecé a pensar que mis obras no estaban tan padres y que no tenía ninguna oportunidad, porque ya no sólo quería ser una transeúnde en el mundo del arte. Quería ser artista, en toda la regla, y entonces miles de cosas me vinieron a la cabeza durante ese lapso de un año: ¿Por qué mi técnica no está tan bien? ¿Por qué no me invitan a otras exposiciones? ¿Puedo vender mis cuadros? ¿Está bien si vendo una impresión a $250 pesos?

*Inserte deseos de autoaniquilación.*

Si algo me molesta, es achacarle la culpa de mis errores a mi edad. No, señores, la edad no tiene qué ver. Si tú haces algo mal hecho, sin corazón ni pasión, así tengas 15 o 70 años, vas a hacer pura mierda si desde el fondo trabajas con mierda. Tienes que conseguir buenos materiales (pasión, amor, paciencia, perseverancia) y echar a un lado los baratos (soberbia, envidia, pereza y abandono a medio camino). Porque hacer menos el trabajo de otros no hace el tuyo más grande, ni envidiar las habilidades de los demás hará las tuyas mejores. Así que, dije que era hora de chingarle el doble. Hice cosas así:


 Y luego, como por arte de magia (magia que tardó tres años), exposición individual en Estados Unidos, Chiapas y Aguascalientes. Fue mucho más decente, vendí obra a un precio razonable y después, vinieron grandes cosas tanto buenas como malas que me ayudaron a crecer. Y poco a poco, empecé a tener miedos "de adultos": ¿Y de qué voy a vivir? ¿Puedo mantenerme vendiendo sólo obras y haciendo exposiciones de vez en cuando?

Fue entonces cuando opté por volverme diseñadora gráfica y estudiar en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ja, bonita diseñadora, que nunca iba a clases y faltaba semanas por ir a hacer exposiciones a otros estados. Y, aunque puede parecer que era una vida de ensueño, hoy en día me arrepiento un poco de no haberle metido más trabajo a esas clases, porque podrían estarme sacando de un apuro hoy en día. Al fin y al cabo, del diseño gráfico estoy viviendo.

Pero no, no hermanos, en ese tiempo yo ya me sentía en la cúspide: A los 19 años ya estaba dando mi primera conferencia en el Tec de Monterrey, en Aguascalientes, y yo decía ¡Estoy logrando grandes cosas! ¡Me estoy haciendo un nombre como artista y...! Y no. NO.

La conferencia fue un deja vu: mis discursos, un asco, sin sentido ni hilo. La plática duraba una hora y yo la acabé en veinte minutos, así que tenía otros cuarenta para demostrar que no tenía nada útil qué decir. Creo que hasta vi a alguien dormirse al fondo, no lo sé, estaba nerviosa y temblando como una hoja ante el montón de caras interrogantes, porque NADIE sabía de lo que yo estaba hablando. Había mucho apoyo de mis colegas universitarios (todos unos campeones, de esa generación salió gente talentosísima), pero a pesar de los halagos, en el fondo yo no estaba satisfecha.

Para mi ver, había vuelto a hacer el ridículo. Y suspiré y suspiré, porque otra vez, me iba a poner a sufrir.Ya no quería exposiciones, ya no quería conferencias, ya no quería nada. Y para colmo de males, otra vez tenía complejos respecto a mi técnica, a pesar de que mi trabajo había crecido mucho:


 ¿Saben que fue lo único que me sacó a flote a pesar de la decepción y la desesperación?

¿Mi valentía? Nah. ¿Mi sed de crecimiento espiritual? Ni madres. Fue mi TERQUEDAD. Así de humana, común y real soy. Dolida, me levanté de nuevo y, tal cual uno se despierta para irse al trabajo, me dije a mí misma: "Ni modo. A chingarle otra vez, como si fuese desde el principio".

Y después, vino algo muy brutal: el rechazo. Y no el mío, sino el del mundo.

Mi obra se volvió un pelito más conocida, aparecía en blogs de arte y cultura y me hacían entrevistas con regularidad, pero todo eso ayudó a que me empezaran a llegar las críticas y las mentadas de madres como si las hubiese mandado a pedir por mayoreo.

"Tu obra es una copia de..." "Está más chida la de..." "Pero te falta que..." "No eres nadie si no has expuesto en..." "¿Y qué premios te has ganado o qué?" "El arte digital no es arte porque..."

Algunas críticas fueron buenísimas, me ayudaron mucho a crecer, a ser mejor persona y artista, a poner los pies en la realidad. Pero otras, de plano, eran para echarme por tierra, para hacerme sentir menos y para otros poderse sentir más. Y fue entonces que aprendí que, así como yo pude haber sido envidiosa y soberbia en el pasado, había gente que también podía serlo, y no en silencio, sino a pulmón y pluma abierta. Descubrí que había cosas muy podridas allá afuera, y como venía pasándome desde los últimos cuatro años, dejé que todo eso me destrozara. Que yo mismo destrozara lo que tenía y lo que estaba logrando:




 Dejé que el rechazo me doblegara en vez de tomarlo como un entrenamiento, como una práctica para mi estómago, para que pudiera aguantarlo todo y seguir siendo feliz. Mi última serie formal fue expuesta en el año 2011, y de allí a los siguientes dos años, expuse colecciones campechaneadas e hice pocas obras por año, más que nada, porque el tiempo que tenía para concentrarme en crear cosas nuevas estaba reduciéndose drásticamente.

Tengo la seguridad de que habría abandonado todo si no hubiese tenido una pasión verdadera por mis obras, porque a pesar de esa inseguridad, amaba intensamente lo que hacía, y lo que esas cosas me hacían sentir. Y ese amor nunca me dejó tocar el fondo de la cuesta abajo, aun estando hasta los oídos de lodo y humillación.

Y en un parpadear, llegó el 2014. Habían pasado seis años desde aquella exposición de fotos mal impresas y pegadas en cartón de huevo. Ahora tenía un currículum insípido de quién sabe que tantos países y ciudades con exposiciones, pero nada más. Nada, porque el trabajo, los problemas económicos y muchas otras cosas habían arrancado aquel espacio tan importante que le había otorgado a mi obra. Así que, después de la paliza que me había dado el rechazo y la autocompasión, tuve que levantarme de nuevo, porque para mí ya no había otra cosa que podía hacer más que esto:


 Con el corazón en la mano, abrí mi sexta serie expositiva, titulada "VMBRA" (Umbra), inspirada en una novela que tenía ya bastante tiempo queriendo escribir. Y esta pequeña serie, expuesta en Aguascalientes y movida después a Guadalajara, me impulsó a cambiar mi vida de nuevo. A encender otra vez la pasión que tengo por crear.

Ya no estoy haciendo exposiciones internacionales ni conferencias, más por falta de dinero y propuestas que otra cosa, pero ya no siento dolor, ni sufrimiento cuando no tengo eventos, o cuando un cuadro no sale perfecto o cuando me hacen una crítica fuerte, porque llega el punto en el que dejas de demostrarle a los demás y hasta a ti mismo lo que vales y empiezas a amar lo que haces por lo que es, no por el lugar al que te va a llevar. Así, humilde y pequeño, empiezas a ser feliz de verdad.

¿Les digo algo? Ser artista es desgarrador, doloroso y fatigante, te dan ganas de esconderte en un agujero o darte un tiro de vez en cuando... pero es la cosa más chingona que me ha pasado como persona; el tener la oportunidad de hacer algo significativo, el poder ser LIBRE a tu manera y de crear cosas, criaturas y mundos que nadie más puede ver ni entender y que, por ende, son totalmente TUYOS.

¿Y saben qué es lo maravilloso y a la vez jodido de todo? Que quiero hacer otra vez este ciclo, esta rueda de sueños y desilusiones que arrancan las ganas de vivir y te quitan años de la cara y el alma, pero ahora, siendo escritora.

No es que de repente hubiese querido serlo. Es que hay un hambre en mí que, afortunadamente, nunca puedo llenar más que con cosas que cultivo por mí misma.

Una madrugada, mientras acudía al funeral de un tío mío que falleció por beber demasiado, me dio una epifanía. Antes de ser artista, escribía, escribía cuentos, pequeños fics, pequeños poemas y relatos que fui dejando conforme me metí en el mundo del arte. Después, me vi invadida por un miedo atroz: miedo al haberme equivocado, al saber que tal vez di una vuelta incorrecta y que sepulté un sueño que tal vez debí haber regado con más cuidado, pero que estuve dejando solo, porque estaba alimentando otra plantita, otro sueño, ese de ser artista.

No quiero ser la siguiente Rowling. Quiero crear el universo en el que siempre quise sumergirme a través de unas páginas. Quiero crear cosas que me gustan, libros que me apasionen, quiero... devorarme el mundo de un golpe y largarme derechito a mi tumba gritando a los cuatro vientos que no me quedé con ganas de nada.

Y ahora que me siento cómoda con mi obra, sabiendo que sólo resta sacarla adelante porque no voy a dar un paso atrás, he decidido ponerme esa otra pistola en la mano, la de la escritura, para tener dos armas de dónde tirarme a la cabeza o a lo que se me ponga enfrente. Y sé que, a pesar del sufrimiento y el rechazo en este nuevo camino, porque no tengo ni idea de lo que me depara, también soy consciente de que esta vida, sin riesgos y sin deseos de perseguir aquello que nos hace sentir VIVOS, no vale la pena.

15 ago. 2016

Planes para los meses que vienen.

¡Hola! Esta vez, vengo con varias noticias, tanto para gusto de aquel que quiere ver una exposición como para los que están esperando el lanzamiento de mi libro. 

Primeramente, en la segunda quincena de Septiembre voy a tener una demostración individual en mi ciudad, Aguascalientes, en plaza Universidad. Debido al tipo de evento, no va a haber inauguración formal, pero la obra se quedará para que todo el que guste ir a conocerla, además de que dejaré un par de sorpresitas allí que espero les gusten. Yo creo que a principios del mes estaré publicando la invitación formal.

Pero eso no es todo, estoy planeando mover esa misma exposición en otras partes del país y tengo ya otro estado confirmado para 2017. Aún me falta conseguir un par de sitios más para este año (de hecho, estoy abierta a cualquier lugar que guste llevar la exposición a sus salas), pero al menos, estoy asegurando un poco de actividad para mi obra por un buen tiempo.

La razón por la que quiero agendar la mayor cantidad de exposiciones es la siguiente: probablemente no haga nada de obra nueva hasta Febrero, así que quiero que la que ya está se mueva sola en lo que trabajo a fondo en el lanzamiento de mi libro.

Respecto a esto, ¡Ya tenemos fecha! En Octubre estarán disponibles los primeros capítulos del El Señor del Sabbath, así como empezaremos sorteos de ediciones digitales, separadores, postales, pines y muchas otras cosas que tengo planeadas para ir preparando la llegada de La Nación de las Bestias. 

Pero eso no es todo, en Septiembre habrá muchas cosas más que ya estoy ansiosa por mostrarles. De momento, nos seguimos leyendo por mi Twitter, sitio en donde estarán las noticias más recientes de todos mis proyectos. 

Adelante, que todavía queda mucho trabajo por delante.



24 jul. 2016

Cuello Grande

(Relato escrito en el año 2008)

Me detuve un momento a descansar en una pequeña banca; ese día cargaba conmigo el libro en donde escribía mis memorias, así que decidí aprovechar para usarlo un rato. Había estado toda la mañana recorriendo el zoológico, tomando notas y tratando de inspirarme.

Dejé el grueso libro a un lado, mientras sacaba una pluma de mi bolsa. El Sol se volvía cada vez más insoportable. De pronto, escuché un crujido a mi lado; al mirar, vi cómo una pequeña jirafa comenzaba a arrancar páginas de mi libro para comérselas lentamente.

Aquel suceso me recordó a una vieja anécdota que me tocó presenciar y, al mirar los ambiciosos y dulces ojos de aquella jirafa, me acordé de ella.

Ella era una pequeña niña, de regordetas mejillas y rizados cabellos rojizos; solía ir vestida de pavorosos vestidos rosados y vivía en una redonda casita amarilla, de la cual brotaban flores de la chimenea y crecían labios rojos de las macetas como si fuesen rosales.

Una fresca mañana, la vi salir a buscar su desayuno, el cual tomaba de los árboles de su jardín. Sus comidas dependían de la estación, normalmente manzanas o naranjas en verano, pero si tenía suerte se podía encontrar con un árbol de pollo frito.

Mirando la mata de uno de sus árboles, distinguió uno muy especial. De él no brotaban alimentos ni juguetes. Era un árbol de bufandas.

Al parecer, todas estaban sin madurar, puesto que estaban a medio tejer. La niña era caprichosa, así que escudriñó con la mirada cada sección del árbol para poder encontrar una que le agradase. Entonces, la vio.

Era de lana fina, perfectamente tejida con tonos pastel, y de las orillas colgaban largos churritos de tejido haciéndola lucir todavía más encantadora.

Ella quedó encantada con la prenda, pero tristemente todavía era una niña muy pequeña, y a su edad aun no había crecido mucho. La bufanda estaba demasiado arriba, incluso para un adulto normal.
La pelirroja se quedó con la mirada prendida de aquel tejido, y su barbilla se quedó levantada hacia la copa del árbol.

Los días pasaron, no recuerdo cuántos, pero fueron bastantes, tanto así que la noche se llegó a comer el Sol más de mil veces.

La niña no se daba cuenta, pero aquella bufanda cada día estaba más y más cerca de su cabeza… Hasta que llegó el día en que ella fue capaz de tomar la bufanda con los dientes. La jaló y la zafó de entre las ramas. Al intentar tomarla con las manos, grande fue su sorpresa al darse cuenta de que éstas no podían alcanzarla. Miró al suelo y vio que sus pies estaban demasiado lejos.
Su cuello se había alargado de forma extensa, tanto que su cuerpo se veía diminuto en comparación, tanto que los pájaros y las ardillas podían hacer casas en él.

Los ojos de la pequeña se llenaron de lágrimas. Pero no porque su cuello hubiese crecido de aquella manera, sino porque ahora la bufanda era demasiado pequeña, y no podía cubrir ninguna parte de su largo pescuezo.
. . .

Este cuento fue inspirado por “Cuello Grande”, una pieza que formaba parte de mi primera exposición artística: “El diario del Decapitolio”, llevada a cabo en el 2008. Dejé el relato tal y como lo encontré en una página de mis cuadernos de aquel entonces, por lo que, si hay alguna rareza narrativa, espero sea culpa de la inexperiencia de aquellos tiempos.



1 jul. 2016

Y el cuarto de siglo se fue...

¡Saludos! Una vez más vengo con noticias de todo un poquito, desde exposiciones y publicaciones licuadas con alucinaciones personales, así que empecemos con lo interesante:

Como algunos que me siguen en twitter ya deben saber, estoy preparando una exposición individual que se presentará en mi ciudad, Aguascalientes, para inicios de Septiembre. Planeo presentar una buena cantidad de piezas y tal vez algunas inéditas, todo con tal de mostrar algo de novedad y subir las expectativas. No sólo para quienes gusten de mi trabajo, sino por mí mismo, porque siento que después de todo lo que he pasado en el último año, es justo hacer un esfuerzo que me anime a seguir adelante en mi carrera artística, a hacer una exposición con obras de calidad y una visión más amplia de lo que estoy haciendo ahora mismo.

Merezco seguir creando ese mundo que tanto me gusta y que ha dado pie a tantas cosas buenas, que me ha ayudado a conocer gente increíble y a crear cosas hermosas a lado de personas extraordinarias.

Creo que la última exposición que tuve fue el año pasado, y para ese tiempo mis ánimos andaban por los suelos en muchos sentidos, tanto así que no pude disfrutar esa exposición como se debía. No voy a mentir, 2015 fue una época mala, un año difícil lleno de obstáculos y donde muchas cosas que quería hacer no se pudieron cumplir y de la manera que deseaba, al menos no en el primer semestre del año, por lo que decaí bastante en los siguientes meses respecto a muchos aspectos que siempre he cuidado de mí, tanto en mi obra como en mi físico y vida personal/laboral. 

Tengo la certeza que de no ser por mi familia, tanto la de sangre como la que he ido juntando con los años, yo ya estaría por los suelos e incapaz de hacer otra cosa que meterme a un trabajo de ocho a ocho sin ningún otro propósito que pagar las cuentas, sacar algo para vivir al futuro y nada más.

Pero afortunadamente, los sueños allí siguen, las metas me siguen mirando a la cara esperando a que las alcance, y vamos a ir por ellas.

Y es por ello que ahora hablaremos de la segunda cosa: Otro de los salvavidas que me ayudó a salir de esa depresión fue el empezar mi libro en Septiembre. Y es este proyecto el que más motivado me tiene. Hasta ahora, he recibido críticas tan buenas y recomendaciones tan útiles de parte de mis lectores primerizos que cada vez me siento más y más decidido a que salga a la luz, sin importar el medio en el que llegue a ser publicado.

Y es por ello que lo más probable (e independientemente de lo que me diga la editorial en los meses venideros respecto a si se publicará o no), voy a retener su salida al público un tiempo más, unos cuantos meses, tal vez hasta el 2017. El motivo es que voy en la décima revisión, y siento que todavía hay que dedicarle más tiempo. Quiero que La Nación de las Bestias sea una historia desgarradora, que se quede clavada tanto en los corazones como en las pesadillas de las personas, quiero... en fin, falta pulirlo hasta el punto en el que esté satisfecho con todos los aspectos del libro. Y bueno, eso va a tomarme un tiempo, por ende agradezco desde ya a toda la gente hermosa que se está metiendo de lleno a la historia, que me está apoyando con leídas, críticas y opiniones para mejorarla (E inclusive a los que ya andan haciendo chistes locales y carreta sobre los personajes, eso me hace saltar el corazón de emoción ♥). Esperemos ver esto materializado algún día, ya sea en las librerías o como libro autopublicado. Pero de que va a suceder, va a suceder.

Otra cosa que también va a suceder (jajaja) es un arreglo a mi sitio web. Ya estoy poniendo manos a la obra con la ayuda de un buen colega para finalmente, re-estructurarlo, dejarlo decente y abrir la tienda de prints, así que espero por allí de Octubre tenerlo totalmente funcional.

En términos generales, pienso hacer que estos cuatro años que me quedan de aquí a mi tercer siglo sobre la tierra sean memorables. Voy terminar mis metas y planear otras a futuro, así que la decisión de arreglar todos los aspectos de mi persona (tanto física como espiritual) y mi obra están ahora en transcurso. Veremos qué tengo que decir para el 2017 :)


22 jun. 2016

Odisea de cinco tierras y una noche

Sí. Así como lo ven, estamos de vuelta en blogger. Muchos estarán de acuerdo en que es poco práctico, pero si he tomado la decisión es porque, en dado caso de no encontrar una casa editorial para publicar mi libro en Septiembre, hacer la promoción por medio de blogger sería lo mejor (por cuestión de promoción y la facilidad de feedback que hay en el sistema), así que de momento, nos quedaremos aquí escribiendo entradas. (Aunque debo admitir que estoy feliz de estar de vuelta, siempre me ha gustado mucho esta plataforma)

Punto y aparte. El motivo real de esta entrada es para presentar mi más reciente publicación literaria, la cual fue posible una vez más gracias a la revista digital Aguaardiente, cuyo magnífico equipo me ha hecho el honor de compartir su espacio conmigo y esta vez, con algo más completo que un poema. "Odisea por cinco tierras y una noche", más que un cuento corto, es una extracción de una historia oculta que viene narrándose desde hace bastante tiempo y en la que abarco una pequeña muestra de mi estilo de escritura. Les dejo la introducción, para que hable por sí misma:

Odisea por cinco tierras y una noche

"Las siguientes historias fueron extraídas del diario personal de un inusual y desconocido viajero. Día con día, este trotador se ha dedicado a escribir las extraordinarias situaciones que su naturaleza mística le ha obligado a presenciar. Algunas de estas experiencias son fascinantes, otras son tan aterradoras que él, en su vasta desesperación, ha deseado que la tinta y las letras se las lleven de su memoria para desaparecerlas para siempre en el papel. Odisea por cinco tierras y una noche es tan sólo un pasaje de unas cuantas horas nocturnas, un extracto de esa bitácora que, en un descuido suyo, me he permitido copiar en forma de obras visuales para compartirlas con el lector."

Podrán leer estas historias en la página oficial de Aguaardiente:


Posteriormente, haré una pequeña publicación digital para descargar e incluir en la sección literaria que estoy desarrollando en la web, la cual abarca el proyecto "La Nación de las Bestias" y otras publicaciones. Espero que la bitácora sea de su agrado, nos vemos pronto en otra entrada :)