24 jun. 2008

Exhibicion: Diario del Decapitolio

El Diario del Decapitolio: Serie surgida de mi momentáneo transitar por la degollación de los personajes de mis obras, representados por mi carne, siendo así, mi priopia modelo. Ésta constante depacitación surgue por la indecisión de mostrarme al mundo, no ocultando el cuerpo, sino el rostro. Con esto, se ansiaba encontrar el modo de trascender a las mentes y a el alma, sin necesidad de ser vista por los ojos, para descubrir qué tanto se podía plasmar de mí en cada uno de ellos, generando así etapas de mi cambiante existir.

Grandi Collo: Única pieza sin degollar. Egocentrismo, necesidad de mirar por encima de todo, de alcanzar la grandeza. Esfuerzo inútil puesto que todo lo valioso se empieza a quedar abajo, sólo subiendo la intelectualidad de la egoísta, dejando atrás el alma, el corazón y dando paso a la insensibilidad.

Té de Canela: La mente se vacía en una taza de conflictos, encerrados e impuestos por la ignorancia, la palidez de la ingenuidad. Se drena el cerebro y las ideas, todo para volver al mismo ciclo de consumo, pero ahora más procesado, más absurdo.

Bigamia: separación de los deseos, una parte vacía y en blanco, otra parte excesiva, atragantada. El equilibrio es sólo aparente, pero sin darme cuenta he dejado el órgano vital al descubierto, he intentado cubrir los defectos con matices similares olvidando cubrir el principal daño; el alma compartida.

El Retrato Oval: La escencia se va desvaneciendo, dejando sólo en mi, como espejo, el reflejo de los demas; intentando verme como los demás pero sin pensar en que el otro lado del reflejo es más hermoso, aunque más vacío.

Fémina: El reconocimiento del seno y la necesidad de la carne, atrayente y sensual mostrando de nuevo miles de sombreros para cubrir una cabeza inexistente, métodos para conseguir lo deseado.

Ideas, Ideas: El aflorar del pensamiento se vuelve locura, se remueve toda razón y se reemplaza por las fantasías, logrando el delirio y la desesperación.

El Decadente: La locura se vuelve lúgubre, lo que alguna vez fue un existir bizarro se empieza a convertir en decadencia, los objetos cotidianos me generan impacienca y se vuelven seres superiores, capaces de hacer polvo mi existencia, si se les concede la facilidad.

Epílogo: La agonía del desconcierto y la morticidad de los actos, la estupidez abraza los sentidos y los manipula, la locura cobra consencuencias y la desconfianza de los que rodean el cuerpo se vuelve inmensa y absoluta.

La Simplicidad de la Muerte: La Sencilles con la que todo termina, anunciada por un plumaje oscuro y la cabeza cubierta de gala, para recibir el último aliento y un bostezo de locura termina la sinfónica vida. Se abren los ojos y se descubre que todo era un transitorio delirio, por que el cuerpo sigue aquí, pero la mente ha desaparecido.